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La imaginación y sus límites

21-enero-2014 § § sin comentarios


> Crear energía de la «nada»

privado

RESIDENCIA principal exenta de IBI

DDESDE LA INGENIERÍA del Conocimiento, en su versión moderna, es decir, la Cognomática, sentimos la necesidad de acotar el concepto de ‘imaginación’, su cabal interpretación, con un objetivo: impedir que a su rebufo, las ensoñaciones inconsistentes, con armonía o sin ella, se filtren a la investigación científica para contaminarla y perjudicarla.

Y no son pocas, la realidad es tozuda, las veces que el concepto imaginación se utiliza como guarida o refugio para intelectuales acorralados y/o sin argumentos. Está demostrado que es un socorrido asidero al que acude la inconsistencia. Viene a cuento, por tanto, desbrozar el grano de la paja, desentrañar el verdadero valor de un concepto que puede ser tanto un atributo como un desvarío. No toda la imaginación —aunque cueste recordarlo y escribirlo negro sobre blanco— computa como aportación o hipótesis saludable de trabajo. Queremos hablar, en este caso, de los límites de la imaginación.

Para acometer el trabajo de clarificación, nos apoyaremos en los conocimientos científicos disponibles, encadenados con la experiencia personal, a saber, con las referencias personales que en tal asunto poseemos. Una formulación sencilla del principio de conservación de la energía nos recuerda que «la energía ni se crea ni se destruye, es decir solo se transforma». De lo que debemos deducir que no existen indicios científicos, aunque existan muchos fantasiosos, que permitan pensar que se puede crear energía a partir de «nada». Podemos, y es lo que hacemos, transformar la energía que poseemos o que está a nuestro alcance.

La reflexión anterior es útil para ponerle a la imaginación algunos límites que ciertos intelectuales se obstinan en ignorar. La imaginación no es magia. La imaginación la realiza el cerebro humano y tiene todas las limitaciones que impone la biología del cerebro. La imaginación es un acto de creación por transformación. Quien pretenda que la imaginación es un acto de creación desde la «nada», ignora lo que nos aporta la ciencia al respecto.

Procesar las señales que percibimos a través de los múltiples receptores que posee el cuerpo humano, es el núcleo de la actividad cerebral e intelectual. En esas señales se incluyen las que puedan surgir de su información genética, información heredada de todos los procesos evolutivos que desembocaron en el ser humano. Es muy obvio. Y con el término «procesar señales» abarcamos todos los procesos de transformación de señales que pueda realizar un cerebro (almacenamiento, combinación, sustracción, filtrado, etc.).

1monteIMAGINACIÓN
Y REALIDAD
La «imaginación», es el caso, es un tipo de actividad intelectual que está orientado a crear representaciones mentales que no han sido previamente percibidas (por eso es creación), pero mediante la combinación de otras percepciones (por eso no es creación desde la «nada», sino transformación)
La «imaginación», es el caso, es un tipo de actividad intelectual que está orientado a crear representaciones mentales que no han sido previamente percibidas (por eso es creación), pero mediante la combinación de otras percepciones (por eso no es creación desde la «nada», sino transformación). Combinando percepciones de algo que ya existe creamos percepciones de algo que no existe. Combinando, por ejemplo, las percepciones de los cuerpos de un ser humano que incluyen un caballo, que sí existen, se crea la percepción de un centauro, que no existe.

En el cerebro podemos tener representaciones de cosas que existen y representaciones de cosas que todavía no existen y que pueden existir en el futuro. Puede que sí y todo lo contrario, depende y no afecta al caso.  Lo que importa es que la naturaleza de ambos tipos de representación, cierta e incierta, es la misma: conjuntos de señales soportadas por la estructura neuronal del cerebro. Hablamos de  energía moldeada en el cerebro.

> El mundo de las «representaciones»

Ambas representaciones, la que existe y las que no, independientemente de que se correspondan con realidades que ya existen, o que se correspondan con representaciones imaginativas, es decir, creadas, tiene existencia real. Confundir las representaciones que tenemos en el cerebro, del mundo que nos rodea, con el mundo en sí, es habitual. Es nuestra obligación, además, ser conscientes, reconocer, que hacemos, a mayores, representaciones de las representaciones de todo lo que produce nuestro cerebro.

El lenguaje, el que usamos todos los días, concretando, es una representación de las representaciones que tenemos en el cerebro de la realidad. Este encadenamiento doble de representaciones, induce a confusión a quienes no han reflexionado, suficientemente, sobre esta característica del conocimiento y su representación. El conocimiento es la «representación» del mundo que nos rodea. Y el lenguaje, asimismo, es la «representación que hacemos del conocimiento» para poder, es su función radical, comunicárselo a los demás.

El conocimiento existe, únicamente, en el cerebro. El lenguaje, sin embargo, otra representación, está en nuestro cerebro y fuera de él. Y admitirlo tiene un punto de dificultad, aunque sería muy útil, de extraordinario provecho, integrarlo en el corpus nuclear de la formación de las nuevas generaciones. Hacerlo entorpecería la proliferación de fantasías contraproducentes y confusiones garrafales.

¿Pueden las representaciones creadas por la imaginación convertirse en realidad? Pues depende. Para poder convertirse en realidad tienen, primero, que respetar las leyes del Universo y, después, tiene que haber voluntad y recursos (del orden que se precisen) para realizarlas. Si alguien imagina una escalera a la luna, pues es fácil deducir que no se va a convertir en realidad. Si alguien imagina un puente en el estrecho de Gibraltar, aunque complejo y caro, al revés, es posible o conjeturable.

Lo que siempre puede hacer el creador imaginativo y de hecho, por fortuna, hace, es volcar su representación mental sobre un soporte visual, un papel, un lienzo, etc. Pero lo que hay en el papel o en el lienzo, que es una copia más o menos parecida a lo que tenga en su cabeza, sigue siendo una representación, que a su vez, es realidad en sí misma. La representación existe pero su existencia no incluye, necesariamente, que «represente una realidad».

> Representaciones de representaciones

Las representaciones mentales, de carácter imaginativo, cierto es que pueden representarse mediante el lenguaje. Lo que no modifica, ni siquiera un ápice, que si eran irrealizables antes, lo sigan siendo después. La representación lingüística no les añade «existencia real».

Los ordenadores facilitan extraordinariamente, en la actualidad, las posibilidades de la representación visual, favoreciendo la creación imaginativa. En el ordenador se pueden representar muchas escenas visuales lo que no garantiza, per se, su transferencia a la realidad.  Y aunque el ordenador es real, lo son los  microprocesadores, lo es el software y el operador del ordenador, la representación visual, no obstante, puede que no cumpla con las leyes del universo. No las necesita para existir en esa dimensión (la pantalla).

En una recreación animada de ordenador los hombres pueden volar. ¿Pueden hacerlo en la vida real? El símil es trasladable al cerebro humano. También volamos, pero en sueños. Un cerebro puede construir representaciones visuales que no son, a secas, sin más, posibles.

Esa capacidad de imaginar cosas que no son posibles en la realidad ha inducido e induce a ciertas personas a pensar que su imaginación tiene capacidades portentosas, sin límites. Hay quien piensa, por ejemplo, que como puede desplazarse imaginativamente desde la Luna hasta Neptuno, en muy poco tiempo posee, entonces, una velocidad superior a la de la luz. ¡Hay quien lo piensa! Quienes así piensan, no obstante, están ignorando que lo que hacen con ese proceso imaginativo es desplazarse en su cerebro desde la representación que tienen de la Luna hasta la representación que tienen de Neptuno. En realidad han realizado un viaje de unos pocos centímetros, milímetros o picómetros en su cerebro, y a la velocidad que le permite la biología del cerebro. Fantasías que son fruto, la consecuencia, de confundir la «representación de la realidad» —un proceso real, verídico— con la «realidad misma».

> Representaciones irrealizables

Cuando un profesor de matemáticas explica a sus alumnos un «límite», una «serie» o el «infinito», incurre en el mismo error. Se está atribuyendo poderes que no tiene. Está siendo víctima de fantasías imaginativas que nada tienen que ver con la realidad. Confunde las analogías que realiza en sus «representaciones mentales», el hecho de poder realizarlas, con la «realidad misma», sin reparar, insistimos, en las enormes limitaciones que nos imponen las leyes del Universo. El mundo de la matemática continua es un mundo de representación, por voluntad propia, por voluntad de los hombres, sin conexión posible con la realidad. Matemática continua y fantasía son sinónimas. Fantasía que se difunde como realidad con los atributos de perfección y omnipotencia.

Difusión de atributos que martiriza a la Humanidad. Una Humanidad, por fortuna, bastante más sensata de lo que suponemos. La matemática continua es una representación mental de determinadas características que, además, a su vez, se representa mediante un lenguaje que nos martiriza. Existen, por lo tanto, las tres cosas, la representación mental, la representación lingüística de la representación mental y el martirio de la Humanidad.

Y puesto que estamos ante una representación mental , volviendo al caso del límite, imposible de materializar… nos quedamos ahí. Es un ejercicio mental sin aplicación práctica. Martiriza y conviene recalcarlo porque es un ejercicio mental que consume mucha energía y confunde a todos.

No queremos terminar este análisis sin mencionar, en modo ilustrativo, la posibilidad de que algunas personas tengan activados sensores que no tenemos activados el resto de mortales.  Sensores que les permitan captar señales procedentes de otras manifestaciones energéticas, de otros mundos. Si eso fuera así, si tal cosa fuera cierta, estas personas podrían crear representaciones mentales correspondientes  a esos otros mundos. Pero seguirían siendo representaciones mentales que tendrán que respetar las leyes que gobiernan esos supuestos mundos. Lo razonable, en todo caso, es pensar que «cada manifestación energética tendrá sus propias leyes y sus propias limitaciones».

> Cosas del pueblo

Y como el pueblo —muy desprestigiado como categoría homogénea— es ducho y a su manera sabio, traemos a colación el modo en que utiliza el término «imaginación», un atributo que tanto puede ser un acto creativo como un desvarío y que el Diccionario de la Real Academia Española, tan sabiamente recoge, con estas acepciones:

  1. Facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales.
  2. Aprensión falsa o juicio de algo que no hay en realidad o no tiene fundamento.
  3. Imagen formada por la fantasía.
  4. Facilidad para formar nuevas ideas, nuevos proyectos, etc.

¿Pueden—añadiendo intensidad a la reflexión sobre la imaginación— las matemáticas imaginar leyes del universo, a placer, y combinarlas numéricamente, también a placer, respetando sencillas reglas de armonía? Por supuesto que pueden, pero eso no es ciencia y aún menos realidad. Son representaciones de la realidad que, si parten de la matemática continua, parten con un extravío.

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