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El cerebro en acción

25-octubre-2014 § § sin comentarios


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> Un sentido: la audición

A las 24 semanas de gestación ya percibimos sonidos. El cerebro percibe sonidos. Punto de partida de un aprendizaje continuado para distinguir ondas elásticas que se propagan a través de medios sólidos, líquidos o gaseosos.  Reconocemos a las madres, a quien pertenecemos, vínculo de pertenencia, por la tonalidad de su voz. En cualquier caso el desarrollo de la audición está íntimamente vinculado a la capacidad del cerebro para distinguir e identificar las distintas ondas sonoras en unión con su contenido. Vínculo de altísima utilidad para nuestra especie, para nuestro cerebro, a lo largo de nuestra existencia.

¿Puede el lenguaje (unión de fonemas y contenido), sin embargo, reemplazar o anular la disposición nativa del cerebro para atribuir a determinados sonidos sentido y contenido específico? ¿Idéntica Transformada de Fournier —representación del sonido— produce en un cerebro el mismo impacto en un contexto controlado que en otro de miedo? ¿Qué le ocurre al cerebro cuando la Transformada de Fournier no se corresponde con el contexto que el cerebro cree controlado? ¿Se altera o no el valor del fonema?

Sirva lo antedicho para adelantar que el sonido, el sentido del oído, la audición, en una perspectiva amplia, es anterior al lenguaje y no obstante posee un relevante y extraordinario contenido o lo que es lo mismo: alta significación o significación esencial. Advertimos antes, por ejemplo, el mal humor que las razones del mal humor. ¿Qué es más importante las razones del mal humor o la enervación que le precede? Para todos los casos depende de lo que esté en juego. Si lo está nuestra vida, la enervación será el contenido más importante. Acudir a un adulto o progenitor malhumorado por causas ajenas a quien acude, el que desea hacer una consulta, es común que desincentive la acción. El lenguaje del cerebro, altamente sofisticado, es anterior al lenguaje organizado en fonemas y sintácticamente. ¿Es el oído un adelantado del cerebro? ¿Quién necesita comunicarse, el cerebro o el oído?

Es el cerebro, como encarnación del cuerpo, del individuo, el que necesita comunicarse y el que reserva recursos propios para optimizar la audición (el sentido del oído). Es el cerebro el que adjudica una parte de sí mismo para idear el mejor provecho del oído. De ese modo aparece el lenguaje sonoro, los distintos ruidos, los sonidos codificados, asignados a una misión, una función, crecientemente compleja y lo hace calmadamente, a través del tiempo sumando a más y más cerebros y lo hace, indistintamente, utilizando como patrón distintos ruidos y formas de articularlos (idiomas).

oido-dibujoARMÓNICOS
La espectografía de la voz humana revela su diverso y rico contenido armónico. Al cerebro le importa y mucho el tipo de armónicos que usa y escucha por el volumen de información que revelan
La espectografía de la voz humana revela su diverso y rico contenido armónico. Al cerebro le importa y mucho el tipo de armónicos que usa y escucha por el volumen de información que revelan. Nuestro oído puede distinguir formantes de un ejército de fonemas. Existen idiomas que hacen vibrar verticalmente, con más profusión, las cuerdas vocales y otros que utilizan en mayor grado la vibración horizontal, lo que ya sabemos es que la cavidad buco-nasal puede crear ondas cuasiestacionarias.

Utilizando la potencialidad del aparato emisor y auditivo, sus prestaciones, el cerebro, aunque de manera disruptiva, con saltos, ha dado forma a un lenguaje, a sonidos, que optimizan nuestra potencialidad fisiológica. Puede decirse y lo hacemos, que el cerebro ha diseñado un lenguaje para los sentidos, en este caso el oído y que lo ha hecho de manera evolutiva. ¿Puede el cerebro crear un lenguaje para sí, utilizando de otro modo los sentidos? ¿Está en condiciones, el cerebro humano, de crear un lenguaje para sí, utilizando todas las potencialidades de la tecnología, utilizando lo que previamente ha construido? ¿Trabaja el cerebro en tal dirección? ¿Ha entrado nuestra especie en otra etapa cognitiva con nuevas necesidades, por ejemplo, acortar la comunicación y mejorar su rendimiento?

Y si hablamos del cerebro en tercera persona sea porque al hombre, a la parte del hombre con la que escribimos esta pieza, le es muy difícil contemplar su propia autopsia. ¿Cuántas cosas se escapan a nuestra comprensión?

> Otro sentido: la vista

Decimos que los ojos, después de nacer, tardan en ver. Decimos que los ojos, las señales que proporcionan los ojos al cerebro, tarda en distinguirlas y calificarlas o dotarlas de contenido. La radiación electromagnética que se corresponde con el espectro visible, tarda en tener significado para nuestro cerebro. La razón puede descansar en la distinta estructura de las ondas sonoras y fotónicas y los recursos fisiológicos que hay que asignar a unas u otras. Quizá porque las ondas sonoras son vibratorias y la luz, corpuscular. No son fenómenos idénticos y los ojos, fisiológicamente, dan cuenta de las diferencias.

¿Percibimos en los primeros meses de vida, por ejemplo, el movimiento y su velocidad? Podemos percibir la velocidad de un objeto y su intensidad lumínica.  Percepción relevante para el cerebro. ¿Es más fácil oír que ver? ¿Es más fácil hablar que escribir? Y decimos escribir porque no podemos emitir imágenes nada más que parcialmente con todo nuestro cuerpo, con nuestro movimiento con nuestras acciones directas o intermediadas (documentales, fotografías, videos, películas, cuadros…) o cuando escribimos. Podemos pronunciar «ladrillo» pero no emitir una imagen de «ladrillo», en todo caso, indicar dónde está o dibujarlo y, en su caso, representarlo gráficamente, con apoyo de la tecnología. Se comprende mejor el objeto y el concepto «ladrillo», describiéndolo, narrándolo o viéndolo? El objeto se comprende mejor, viéndolo, el concepto, narrándolo con palabras, con imágenes o con ambos recursos.

A pesar de lo cual, nos referimos al sentido de la vista, a los ojos, como el observatorio avanzado del cerebro. Llega más lejos, es cierto, con la vista que con los oídos. Llega con la vista a lo más pequeño y a lo más lejano por intermediación de la tecnología, eso que ha construido el cerebro en el curso de su quehacer. No oímos ni los más lejano ni lo más pequeño. Son otro tipo de ondas. Tenemos que imaginar los sonidos y poner textura sonora, armónicos, al silencio abismal, a la materia oscura del Universo y a lo minúsculo, lo unicelular, lo molecular…

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Conocer los colores, las formas, los movimientos, las relaciones entre ellos, su asociación y los resultados que produce no es fácil para el cerebro. No es fácil, le lleva tiempo, y si no es fácil para los objetos inertes, lo es menos para los vivos.
Conocer los colores, las formas, los movimientos, las relaciones entre ellos, su asociación y los resultados que produce no es fácil para el cerebro. No es fácil, le lleva tiempo, y si no es fácil para los objetos inertes, lo es menos para los vivos. Adiestrar el sentido de la vista, la visión, es tarea titánica para el cerebro. Las ondas que si ondulatorias, que si corpusculares, consumen muchos recursos.

El lenguaje morfosintáctico, el que queda escrito, el que puede leer el cerebro, consume una parte minúscula del conjunto de recursos que el cerebro asigna a la visión. Las formas, los volúmenes, los estados, expresados en términos de luz, corpuscularmente, su gestión, consume mayores recursos, el grueso de los recursos, muy superiores a los que consume la lectura. Razón de calado que explica, que siendo capaz de gestionar sus habilidades como receptor, no descanse en impulsar la intermediación tecnológica para poder operar como emisor. Pantallas de móvil, tabletas, ordenadores o televisión. El cerebro graba, capta y emite, lo hace con producción y postproducción a través de la tecnología.

El cerebro, en tercera persona, como expresión de un cuerpo que lo alimenta y del que depende (absolutamente), que lo instrumentaliza, tiene objetivos propios. Entre otros compensar un déficit estructural de nuestro cuerpo —no podemos emitir luz y modularla del mismo modo que emitimos sonidos—. Y hablamos de necesidades, de necesidades estructurales, imperativas para interactuar con el entorno y con los de su especie, con otros cerebros, y servir con más eficiencia al instinto de supervivencia.

> Un sentido principal: el tacto

La ciencia, amén de los hechos ciertos, otorga a la sensibilidad táctil competencias extraordinarias y fundamentales, sin las cuales la vida es, sencillamente, imposible. La capacidad para interpretar la presión, la temperatura, las texturas, la proximidad, el dolor o el movimiento —también percibimos el movimiento con los ojos cerrados— son sustantivas para nuestra consistencia y viabilidad. Sin dicha información nuestro edificio fisiológico colapsa porque colapsa el cerebro. Podemos perder el oído, el habla y la vista y comunicarnos. El cerebro en tales supuestos moviliza el tacto para organizar la comunicación. La dactilografía, lenguaje escrito con los dedos sobre otros dedos, realiza la comunicación.

El tacto, dedúzcase, es el sentido principal, sin el cual colapsa, y el principal recurso de comunicación del cerebro. ¿Puede una persona vivir sin olfato y sin gusto? Puede aunque sea una vida limitada. Es imposible, empero, vivir sin tacto, sin el sentido del tacto. La información, el conocimiento que provee el tacto, relacionado con la presión, la temperatura, la textura, la proximidad, el dolor y el movimiento, constituyen cimientos esenciales primitivos, innegociables, de la comunicación que procesa el cerebro. Sin dicha información el cerebro colapsa y hace colapsar al cuerpo: no hay forma de vivir. La afectividad, por ejemplo, tan esencial para nuestra especie, utiliza el tacto como chivato adelantado.

> Prioridades del cerebro

Contrariamente a lo que se supone, los recursos que asigna el cerebro a la comunicación oral o escrita son minúsculos, en contraste con los que asigna a la comunicación esencial, primaria y por ser vital —y nunca mejor dicho—, de extraordinaria complejidad. El cerebro asigna sus más cualificados recursos para la comunicación que proporciona contexto y sentido y que precede, acompaña y da cobertura al lenguaje fonético o morfosintáctico. Sin dicha cobertura el lenguaje es incomprensible o absurdo. El cerebro asigna sus recursos más sofisticados a:

  1. La gestión de la presión, la temperatura, el dolor, la textura, la proximidad o el movimiento y sus vínculos, que transforma en señal electromagnética.
  2. La gestión de las ondas vibratorias, su frecuencias y armónicos, que transforma en señal electromagnética, no relacionados con el lenguaje morfosintáctico y que incluye escuchar el movimiento, la proximidad y acciones propias de nuestra especie y de la naturaleza en su conjunto, conocidas y desconocidas y las relaciones entre ellas.
  3. La gestión de los haces de luz, con la gestión de la radiación fotónica, con la identificación de colores, formas, volúmenes, movimientos y los nodos o vínculos y que transforma en señal electromagnética.
  4. La gestión de olores y sabores, inquietantes o amigables que transforma en señales electromagnéticas.

muerte-codigo-barrasEPISODIO
En vista de lo cual, justo es advertir, que el lenguaje oral y escrito que conocemos, constituye un episodio en la vida del hombre, muy necesario, pero episodio que no agota la estrategia del cerebro para satisfacer sus enormes necesidades de comunicación
En vista de lo cual, justo es advertir, que el lenguaje oral y escrito que conocemos, constituye un episodio en la vida del hombre, muy necesario, pero episodio que no agota la estrategia del cerebro para satisfacer sus enormes necesidades de comunicación. No ha sido una anécdota, tampoco fruto de la casualidad, que la tecnología utilice profusamente el recurso del tacto (teclado, botones, pantallas táctiles) para impulsar la comunicación. Utilizamos las enromes prestaciones mecánicas que ofrece el brazo, codo, muñeca y dedos para escribir y utilizamos, asimismo, la eficacia táctil para aumentar la eficiencia en la comunicación, pata acortar los tiempos y mejorar su rendimiento, acudiendo a expresar y codificar relaciones, preferencias y acciones (iconografía y acciones que son características de los dispositivos móviles y ordenadores de sobremesa).

El cerebro no descansa. Necesita mejorar sus gradientes de éxito en la comunicación y no es conjeturable, porque está ocurriendo, que subordinará el lenguaje oral y escrito a nuevos patrones que contribuyan a calmar sus extraordinarias necesidades de comunicación. No en vano, somos una especie social que necesita comunicarse y hacerlo con mejores gradientes de éxito y hacerlo con el entorno, que no posee un lenguaje fonético o morfosintáctico. Los sonidos de la ciudad son reales y lo son los de la naturaleza. Sonidos que interpretamos. ¿Las nubes siempre truenan del mismo modo? ¿El tipo de luz que nos envía el Sol, es siempre idéntica, con el mismo contenido? Acortar la distancia entre la acción y su significado no es problema de menor cuantía. Es una emergencia —crecientemente crítica— cuando la información se expande y se sucede a ritmo vertiginoso. Loa retos del cerebro no son pequeños y tampoco son simples.

Cuando la acción no encuentra su significado o cuando las palabras han sido vaciadas de contenido, la comunicación colapsa, el cerebro se aturde y emerge una reacción fisiológica que conocemos como estrés o amenazante, según los casos. El cerebro responde, en tales casos, incrementando exponencialmente el uso de recursos fisiológicos para, primero, intentar comprender y protegerse, a continuación de los estragos del estrés.

La prioridad del cerebro, cuando hablamos de comunicación, es su éxito. El lenguaje oral y escrito, en el que nos expresamos, es un episodio en evolución, que necesita para ser viable la cobertura global que le presta el cerebro a través de todos sus sentidos y la cobertura, especifica, que le brindan los conocimiento que ya posee. Asuntos, ambos, que consumen enormes recursos fisiológicos y sin los cuales la comunicación oral o escrita se convierte en irrelevante.

> Conocimiento y lenguaje

El lenguaje es un instrumento del conocimiento, es un procedimiento de representación del conocimiento, mediante ondas vibratorias (con sus frecuencias y armónicos) y las formas (caligráficas) equivalentes, con su característica sintaxis. Es obligado decir que el lenguaje, el que utilizamos, su organización, fue concebido por el cerebro apoyándose en nuestra capacidad fisiológica para escuchar y hablar, para emitir y recibir. Habría que decir que es lenguaje concebido y diseñado para el oído, para un único sentido y que la formalización posterior que de él realizó el cerebro, le permitió dotarlo de formas (caligrafía y estructuras) para conservarlo y brindárselo a los demás cerebros a través de otro sentido, la visión y a los cerebros de posteriores generaciones.

El cerebro ordena, fija y da esplendor al lenguaje, lo hace útil cuando le proporciona su propio conocimiento, el que procesa con la información abundante y muy compleja que le proporcionan todas sus sentidos. De ningún otro modo opera el lenguaje. El lenguaje sin el conocimiento que atesora el cerebro, es poco más que baldío y adquiere su significación más profunda cuando se admite que la organización oral o escrita es una parte, pequeña, de la estrategia global del cerebro.

Estamos en exceso contaminados por peroratas, que se obstinan en popularizar que las palabras son creadoras y hacedoras de conocimiento, que ellas y solo ellas lo atesoran, lo contienen y que son ellas, con exclusión de la verdad, las que lo generan. ¿Transportan las palabras el conocimiento? En algunos casos y para determinados supuestos así es. Lo transportan una vez normalizado y aun, en tal supuesto, seguirá siendo objeto de interpretaciones constantes.

La diferencia entre transportar y crear es inmensa, colosal y tratándose de «conocimiento» el cerebro, de manera constitutiva, permanecerá en perpetuo estado de alerta y parcialmente sobrecogido, dispuesto a mudar, en cuando el instinto de supervivencia lo dicte o se ponga en riesgo la satisfacción de deseos profundos o necesidades ineludibles. Es tan abrumadora la realidad, la percibida por los sentidos y la que integra el cerebro después de sucesivas conceptualizaciones que, lógico es, le cueste trabajo encontrar satisfacción plena con lo aprendido y conocido.

¿Qué de extraño tiene, entonces, que el cerebro propenda a otro tipo de estrategia en la comunicación, más eficiente y concordante con su forma de proceder? ¿Qué de extraño tiene reconocer su interés en otro tipo de formalización más cercana a sus procedimientos? ¿Existe distancia entre la palabras y el conocimiento? ¿Cuántos filtros tienen que pasar las palabras para convertirse en conocimiento? ¿Qué tipo de filtros? ¿Qué es «conocimiento» para el cerebro?

¿Qué es «conocimiento»?

Industrial innovation conceptCONOCIMIENTO
Aquello que contribuye a satisfacer sus necesidades de gestión, es «conocimiento» para el el cerebro. El cerebro toma decisiones con lo que considera que es «conocimiento»
Mucha es la distancia entre las palabras y el «conocimiento». Asombrosa. Pocas palabras uncidas a otras alcanzan el estatus de «conocimiento» o le son útiles al cerebro para tomar decisiones. Aquello que contribuye a satisfacer sus necesidades de gestión, es «conocimiento» para el el cerebro. El cerebro toma decisiones con lo que considera que es «conocimiento».

El cerebro administra temores, necesidades,  oportunidades y la trascendencia (entendida como futuro). Cierto es que no todos los cerebros poseen competencias demostradas para crear herramientas, mecanizaciones o interpretaciones exigentes del contexto. Y no lo es menos que el cerebro posee competencias nativas para la gestión del temor, las necesidades, las oportunidades y la trascendencia. Gestión adaptada a las características de cada cerebro y el cuerpo que lo contiene.

Una forma de eternidad, en grado de hipótesis, es la reproducción, la propagación por la historia de nuestro ADN. ¿Trascendencia? ¿Las decisiones que nos suceden, que permanecen y tiene efecto una vez que ya no estamos, cuando contribuimos al futuro, son decisiones trascendentes? Lo son. ¿Los alicates, en tanto herramienta, son la expresión de una necesidad o de una oportunidad? Son la expresión de una necesidad y de una oportunidad. ¿Las formas caligráficas son expresión de una necesitad, una oportunidad, de nuestra vocación trascendente o de un temor a alguna manera de pérdida? Son expresión al alimón, de una necesidad, de una oportunidad, de un temor y del afán de trascendencia. ¿Ser uno mismo entre la multitud, con identidad específica o única, es o no parte de nuestro afán trascendente? Para que una palabra, por sí misma o uncida a otra, adquiera el estatus de «conocimiento» tendrá, previamente, que demostrar su utilidad en los distintos quehaceres del cerebro (gestión de temores, necesidades, oportunidades y su afán trascendente). ¿Un algoritmo, parte del lenguaje numérico, cuándo se convierte en conocimiento? Exactamente —y de ningún otro modo—, cuando sirve y le sirve al cerebro, cuando es útil para la gestión de sus competencias nativas o estructurales, que repetimos, son la gestión del temor, las necesidades, las oportunidades y su afán trascendente.

¿Y en qué momento las palabras uncidas a otras se convierten en «conocimiento»? Nada más, únicamente, cuando el cerebro las ha convertido en experiencia y puede reportar un cúmulo de acontecimientos relacionados con dicha experiencia. Nunca antes. Las palabras, a lo sumo, transportan «información» a la espera de que se haga carne, esto es, a la espera de que el cerebro las compute como experiencias relacionadas. Nada más. Las palabras son parte de la estrategia oral del cerebro cuando construyó un lenguaje para un único sentido, la audición o mejor, para nuestra capacidad fisiológica, para gestionar ondas vibratorios en el espectro audible para la especie.

> Deconstrucción errónea del cerebro

Un equipo de investigación capitaneado por Matthew Rushworth, psicólogo experimental, afirmaba en la revista Neurón, desde Oxford, en los albores de 2014, que habían descubierto un área del cerebro específicamente humana, la que «es capaz de pensar el futuro, ser flexible a la hora de enfocar las cosas y aprender de los demás». Queremos poner el acento en el exabrupto científico en el que se incurre al hablar en tales términos del cerebro. Es inaceptable.

«Todo el cerebro es humano» y cada pulgada del mismo contribuye a todos los procesos y es esencial para constituir, para formar y fijar conocimiento, para su esplendor, que lo es del cuerpo, en suma. El cerebro, es lógico que así sea, distribuye la carga de trabajo y es tanto y más competente cuanto más fuerza de choque puede desplegar para tomar decisiones o afinar sus capacidades comprensivas, interpretativas, relatoras y resolutoras. El cerebro hace intervenir en cada uno de sus actos a todos los sentidos y utiliza su destreza, la que posea, para relacionar información, compararla y engastar sus conclusiones, de manera certera o borrosa en un acto nuevo. Y lo que decimos no es obstáculo para que el cerebro disponga de partes más especializadas que otras. Piénsese en un equipo de fútbol e imaginemos por un instante que una parte defiende y otra ataca. En el fútbol moderno todos acuden al ataque o a la defensa, desde sus respectivas posiciones, cuando el juego lo requiere. ¿Ven fútbol los psicólogos experimentales de Oxford?

Es un área del cerebro —la denominan «lateral frontal pole prefontal cortex»—, que comparada con el cerebro de un mono, es específica de nuestra especie y que el coautor del trabajo, Franz-Xaver, imagina como «centro de decisiones o cuadro de mando», el lugar donde el cerebro toma y ejecuta sus decisiones. Lo más parecido al Palacio de la Moncloa o la Casa Blanca del cerebro.

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Son conclusiones inspiradas en una interpretación mecánica del cerebro. «Esta parte del cerebro para esto, aquella para lo otro y esta otra para lo siguiente, ensambladas como un puzle». Ideación  típica de traumatólogo.
Son conclusiones inspiradas en una interpretación mecánica del cerebro. «Esta parte del cerebro para esto, aquella para lo otro y esta otra para lo siguiente, ensambladas como un puzle». Ideación  típica de traumatólogo. ¿Están hablando del cerebro de un psicópata? El cerebro no funciona de ese modo. Es muy obvio. Su diseño, por fortuna, es más competente. Cuando decimos «ladrillo», simultáneamente, recreamos la imagen del «ladrillo», el dolor que produce cuando el «ladrillo» impacta contra el dedo gordo del pie y entendemos que es parte de algo o pieza entre otras muchas con la que se construye algo. «Ladrillo» puede ser la promesa de algo, la primera piedra. El cerebro trabaja con todas esas hipótesis y otras muchas, simultáneamente.

Es un error inmisericorde suponer, caprichosamente, que una planta «no posee capacidad para pensar el futuro —su futuro—, ser flexible en sus decisiones y aprender de las demás y del contexto». Nos vemos en la obligación de afirmar que es un forma fatua, muy fatua, de pensar. Cabe admitir que, las plantas o los monos, poseen inferior capacidad de computación que el hombre en términos absolutos, aunque, quizá, en términos relativos, lo estén haciendo con más eficacia de lo que es común suponer. Teniendo en cuenta los recursos fisiológicos que movilizan, cabe pensar, que su eficiencia es extraordinaria y superior al rendimiento que obtenemos los hombres de los propios.

El investigador que desvela horizontes a la Humanidad, lo puede estar haciendo por puro afán de trascendencia, porque espera reconocimiento duradero. Lo puede hacer por afán competitivo, por rivalidad con un colega, al servicio de un horizonte mixto de ambición y en envidia. Lo puede hacer por instinto de dominación —aplastar al rival—, su verdadero motor científico. ¿Qué ha sido relevante, qué ha jugado un papel más destacado para el cerebro que investiga, el hito científico —como tal— o el instinto de dominación, en afán de trascendencia o la envidia? ¿Qué ha sido crucial desde una perspectiva fisiológica, el deseo profundo de dominación o el hito científico como tal?

«No importa que el gato sea blanco o sea negro. Mientras cace ratones será un buen gato (un buen científico)», pensarán muchos. La frase es de Deng Xiao Ping, desaparecido líder chino. La acuñó para ridiculizar el ideario de la Revolución Cultural que promovía que era preferible «ser pobre bajo el socialismo, que rico bajo el capitalismo». Lo que era malo, según Deng Xiao Ping, era ser pobre. Es preferible, por tanto, tener ciencia que lo contrario pero… cuando ya se tiene… es muy importante, decisivo, conocer el combustible del motor científico. Nos ayudará a conocer el cerebro.

El cerebro procesa señales muy distintas y puede hacerlo, al máximo rendimiento, mientras esté sano, mientras el cuerpo le suministre lo que necesite para mantenerse en plena forma pero, sobre todas las cosas, el cerebro tiene —es una muy buena hipótesis— dos funciones básicas organizar y gestionar el SIA (Sistema Integral de Alertas), al servicio de la supervivencia y la anticipación, y el SIE (Sistema Integral de Estímulos), para proporcionar recompensas cuando se requiera. Y toda el cerebro, sin excepciones, está implicado en dichas tareas. Son dos sistemas (de alta integración de recursos) que facilitan la gestión de temores, necesidades, oportunidades y el afán de trascendencia.

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FIGIURA 1. El 100% del cerebro, es una hipótesis de trabajo, está implicado en el SIA, Sistema Integral de Alertas, y en el SIE, Sistemas Integral de Estímulos (dolor/placer,  satisfacción/insatisfacción). Somos conscientes de una parte minúscula del trabajo del cerebro, la que gestiona los sentidos y la voluntad. El grueso de su trabajo está asignado, sin embargo, a coordinar o interpertar todas las actividades auntomatizadas del cuerpo (respiración, latidos, equilibrio, psicomotricidad…) de las que no somos conscientes) y aquellas que requieren ingeniería (de las que tampoco somos conscientes) relacionadas con el sistema lnmunológico y las constantes vitales del cuerpo …

¿Qué ocurre cuando el cuerpo forma al cerebro deseos profundos hasta dominar su quehacer y conducir todas sus decisiones a la satisfacción de dichos deseos? ¿Puede el córtex, supuesta pieza del famoso puzle, él solo, contra los deseos profundos o más bien es al revés, que los deseos profundos ponen el córtex, la voluntad y todos los recursos fisiológicos disponibles, a su disposición? ¿Qué era más importante para Clinton, gobernar EE UU o jadear mientras atendía el teléfono rojo? ¿Qué hacía mejor jadear o gobernar EE UU?

¿Estamos minusvalorando nuestro cerebro cuando lo imaginamos como un puzle? Todo indica que lo hacemos por nuestras peregrinas estrategias de aproximación al problema. Intentamos comprender la totalidad del cerebro desde una porción muy pequeña, de cuya actividad somos conscientes, aplicando un arsenal de prejuicios reductores, extraviados, sobre como funciona el cerebro y qué es.

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FIGURA 2. ¿Los músculos que mueven las piernas quién los alimenta? ¿Las piernas son el cerebro de la carrera? Por la misma razón, las zonas del cerebro más activas en determinadas tareas, son una referencia y poco más. El córtex, una parte del cerebro, no es todo el cerebro. ¿El córtex es el jefe del puzle? ¿Quién lo ha dicho?

¿Es el cerebro el órgano más vago del cuerpo, el más perezoso, el más reacio a cambiar de patrones y procedimientos? ¿Y si la respuesta fuera «sí», en efecto, lo es? Pudiera ser, es otra variable del mismo problema, que el cerebro consumiese ingentes cantidades de energía cuando cambia de patronees y procedimientos y que no todos los cerebros son capaces de acopiar dicha energía. Para dichos supuestos, de atonía energética, el cerebro imita patrones de sus congéneres, actividad más económica desde el punto de vista  computacional.

El cerebro, por una u otra razón o por ambas, prefiere las simplificaciones, a poder ser simbólicas, porque le cuesta menos esfuerzo trabajar con simplificaciones simbólicas y, bastante menos,  tomar decisiones con gruesas reducciones de los problemas. Trabaja como lo hace, por su agigantada pereza, en muchos casos, y porque necesita concretar, acotar bien el problema para resolverlo. No es equivalente que la concreción, la reducción a los términos esenciales, sea el resultado del esfuerzo o que lo sea de la pereza. Los resultados esperables de uno y otro proceder en nada se parecen.

¿Qué piensa el cerebro de nuestras conjeturas reduccionistas? ¿No es una pregunta convencional? No es habitual hablar de nuestro propio cerebro en tercera persona  y tampoco lo es reconocer que el cerebro tiene sus propias estrategias fisiológicas y que la hipótesis de que estemos utilizando muy escasamente las potencialidades del cerebro, se abre paso entre la comunidad científica. No tanto, porque mal utilizamos su potencial, más bien, porque no comprendemos su quehacer y propósitos. Siendo el cerebro un aventajado usuario de las concreciones y reducciones conceptuales, por una u otra razón, es más que probable que apruebe nuestras conjeturas y, a más, las promueva, que sea él mismo el auténtico promotor. El cerebro prefiere el blanco o el negro, nítidamente diferenciados, en la toma de decisiones. La existencia de claros y oscuros, de multitud de tonos, exige esfuerzo y dedicación.

> ¿Cómo y qué procesa el cerebro?

¿Procesa datos, únicamente datos? ¿Y qué datos procesa y cómo transforma los datos? El cerebro procesa el monto de señales que proceden del contorno, filtradas por sus sentidos, filtradas por su mayor o menor capacidad de procesamiento de las citadas señales, por su capacidad para relacionarlas, compararlas y engastarlas en forma de acciones. Procesa señales procedentes del cuerpo al que pertenece, no menos relevantes; las agrupa y conceptualiza; procesa conceptos y conclusiones; procesa  cualquier flujo de información, conceptual sobremanera, que le permite obrar con anticipación y lo hace para mejor gestionar sus temores, necesidades, oportunidades y el afán trascendente que preside su quehacer.

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¿La necesidad de eficiencia en la comunicación es una necesidad constante del cerebro, una meta permanente? Sus decisiones, el acierto que se espera de ellas, dependen del previo éxito en la comunicación.
¿La necesidad de eficiencia en la comunicación es una necesidad constante del cerebro, una meta permanente? Sus decisiones, el acierto que se espera de ellas, dependen del previo éxito en la comunicación. ¿Es profunda o muy intensa la necesidad de eficiencia en la comunicación? Lo es. Al punto de estar trabajando el cerebro, ya lo hace, con lo que ya ha conseguido, con los hitos científicos y tecnológicos logrados, en otra forma de lenguaje más eficiente y de alto rendimiento. Nosotros lo llamamos vebor, un lenguaje integrado, que usan por igual el hombre y la máquina, que une cerebros y máquinas, que sirve a los cerebros y a las máquinas, aunque unos y otros lo utilicen con muy distinta intensidad.

¿Vebor necesita un protocolo germinal? ¿Cuánto más se parezca al cerebro, cuánto más concordante resulte ser con el cerebro más imperativa será la necesidad de un protocolo germinal?

El cerebro procesa señales en el espectro para los que sus sentidos son competentes y con intermediación de la tecnología, que previamente ha creado, procesa señales en espectros que sus sentidos no perciben. El cerebro dispone de capacidades conceptuales para interpretar el cúmulo de señales paras las que sus sentidos no son aptos, relacionarlas, compararlas y crear nuevos horizontes, hacia lo más pequeño, que le constituye, y lo más grande, de lo que es parte. El cerebro puede, repárese en ello, ir mucho más lejos que lo que los sentidos, estrictamente, le permiten. Su potencia computacional, relacional, le permite fijar conceptos, acciones y retos.

Sabemos que es capaz, ya lo ha hecho, de organizar fonemas y atribuir a cada uno de ellos un significado. También sabemos que el fonema, en sí, carece de significado hasta que una comunidad, varios cerebros, comparten su valor. Sabemos que ha creado imágenes caligráficas para dicho fonema, una forma de grabar y organizar la trascendencia, haciendo participar a otro sentido, la vista. Sabemos que no solo almacena datos o señales, sabemos que las relaciona, las compara y que todo, en  conjunto, le permite establecer nuevos retos. Pero sabemos, asimismo, que el conjunto de señales están filtradas, por sus propias necesidades, oportunidades y el afán de trascendencia, para satisfacer sus propios objetivos, a saber, cómo imagina cada cerebro que debe ser su supervivencia y anticipación (SIA o Sistema Integral de Alertas) y cómo compensar sus desvelos (SSE, Sistemas Integral de Estímulos).

El lenguaje oral y escrito creado por el cerebro, obviando la constelación de fonemas y grafías para un mismo contenido (idiomas). Y obviando las innumerables reglas sintácticas, para relatar percepciones y vivencias, se caracteriza, resumiendo, del siguiente modo:

  1. Audición. El cerebro diseñó los idiomas que estamos utilizando para el sentido auditivo, en esencia porque el hombre dispone de potencia fisiológica para recibir (sistema integral del oído) y emitir (sistema integral de la cavidad buco-nasal).
  2. Especie social trascendente. El cerebro le otorgó caligrafía para grabar contenidos y asegurarse la trascendencia de los mismos (compartirlo con otros cerebros distantes entre sí o de otras generaciones). Creó un sistema para añadir a su propio conocimiento el conocimiento de otros cerebros.
  3. Unidireccional y bloqueado. El lenguaje actual, formalizado y organizado, en su forma fonética y caligráfica, sigue una línea discursiva, cerrada, bloqueada, que impone el emisor.
  4. Cobertura. El cerebro posee recursos, propios, esto es, conocimiento, para dar cobertura al lenguaje oral y escrito, relacionar señales, compararlas y establecer nuevos horizontes. Sin dichos recursos, la utilidad del lenguaje que hoy usamos sería irrelevante.
  5. Trasposición ineficiente. El cerebro lo sabe desde hace tiempo. El lenguaje oral y escrito es altamente ineficiente para múltiples misiones. Consume mucha energía seleccionando o extrayendo lo que le conviene e interpretando y comparando lo que selecciona. La trasposición de palabras en señal (lo que procesa el cerebro) y al revés, las señales en palabras, es altamente ineficiente con grandes pérdidas de contenido, lo que resuelve añadiendo ambigüedad, lesionando aun más, si cabe, la rentabilidad del lenguaje que usa.

Es aquí, en el último episodio, donde el cerebro, cansado, harto, se moviliza en la búsqueda de un lenguaje, un sistema de comunicación integral, más eficiente, de mejores rendimientos, con transposiciones (señal/palabra) más eficientes, con una nueva sintaxis, evolucionada, que decanten y aíslen la ambigüedad no deseada. Sus mejores resultados, hasta la fecha, los ha cosechado procesando datos (simplificación) y conceptos bien acotados. Necesitará, por tanto, trabajar en dicha dirección, categorizando mejor el conocimiento que ya posee, con una mejor semántica (reingeniería conceptual).

El cerebro procesa imágenes con ayuda de la tecnología y procesa, asimismo, textos computando conceptos, palabras o asociaciones de palabras. Lo hace utilizando argumentos y reglas para tomar decisiones. Utiliza potentes discriminadores (de base tecnológica) en la búsqueda de lo que necesita. El cerebro, con intermediación de los hitos tecnológicos y científicos que ha construido, ha subido peldaños que siempre quiso subir: mejorar su éxito en la comunicación.

> El cerebro limitado y el lenguaje del futuro

El cerebro utiliza estrategias de especie. Suma a otros cerebros. Crear un lenguaje para el sistema auditivo y visual es un éxito colectivo, un éxito de más de un cerebro. La mayor eficiencia del lenguaje visual, caligráfico e ideográfico (muy aleatorio y den muy escasa formalización) es que exime al cerebro del deber de almacenar innumerables datos, consciente de sus limitaciones y capacidades. Almacena la información mediante el sistema caligráfico e ideográfico y sonoro en distintas bases de datos (libros, videotecas, filmotecas, museos, móviles, computadores o servidores), haciendo acopio de sus hallazgos, y utiliza, computa y procesa, intensamente, lo que más le convienen para sus metas.

¿Existen cerebros con mayor capacidad para almacenar y procesar imágenes de origen fotónico, corpuscular? Desde luego que sí aunque en rangos muy débiles en comparación con los ingenios que el propio cerebro ha sido capaz de diseñar y producir, desde luego, en su auxilio. ¿Puede el celebro almacenar y registrar señales de manera ilimitada? La respuesta bien la conocemos. Rotundamente, no. ¿Cuál es el límite? Depende de los cerebros y el adiestramiento de los distintos cerebros para distintas tareas.

vebor-agilengua

El nuevo estadio alcanzado por el cerebro en el procesamiento de señales, le permite dar un paso hacia adelante y proponerse como tarea el diseño de una agilengua, vebor, que responda a nuevos requisitos:

  1. Desbloqueo sintáctico (FIG 3 y 4). La narración estará dispuesta «de fuera hacia dentro»; desde lo general, desde el concepto precipitante a lo más particular y viceversa. El cerebro podrá elegir las líneas verticales, de fuera a dentro, que más le convenga o interese, con libertad para desplazarse en horizontal o en forma oblicua a donde le interese, en busca de otras líneas conceptuales o relacionales. Será preciso una nueva sintaxis que desbloque la unidireccionalidad actual, la rigidez actual, haciendo navegables de forma nativa, los contenidos.
  2. Reingeniería semántica. Refuerzo conceptual y relacional o reingeniería del conocimiento, desechando palabras vacías de contenido, favoreciendo los vínculos conceptuales y relacionales. Hacer visible el conocimiento oculto, ofuscado, con sucesivas capas de lodo (simulacro de conocimiento), es el más importante resultado de la reingeniería semántica.
  3. Automatización. Una nueva sintaxis y mejor organización semántica tiene que facilitar la comunicación cerebro|cerbero, cerebro|máquina y máquina|máquina.
  4. Integridad. La comunicación nunca está aislada. El mensaje, la conversación, el artículo, el libro… cuando termina no se agota, está conectada al conocimiento global y puede ser explorado, con continuidad, si se necesita.

Las estructuras que produzcan alivio al cerebro, que reduzcan su esfuerzo computacional, contribuyen al éxito del cerebro que, naturalmente, liberará recursos para ser más creativo o analítico. El cerebro ya está listo, usando la tecnología que ha creado, para producir un nuevo hito: la construcción y diseño de un lenguaje para sí, directamente, con una nueva sintáxis, una mejor reingeniería semántica, navegable. Diseñado en origen para integrar a todos los sentidos de manera eficiente, evitando confundirlos, más intuitivo, mejorando en grado muy alto la sintaxis. A saber, un lenguaje, más eficiente y de alto rendimiento. Hay que evitar, por todos los medios, que nuestros sentidos nos confundan. El cerebro es el gran beneficiado.

sintaxis-a

FIGURA 3. Modelo de despliegue vertical «de fuera hacia dentro». Descenso en árbol cono enlaces verticales, horizontales y transversales.

Una novela encadenada con artículos, preposiciones, pronombres, adverbios, adjetivos, nombres comunes y propios, verbos, tiempo y espacio, posee una coherencia discursiva, lineal, bloqueada. Si la escritura estuviera soportada por el nuevo lenguaje, vebor, su estructura y composición variaría, notablemente. Y lo que vale para una novela vale para un ensayo, para un texto científico o un poema y con más motivo si las expresiones o formatos descritos tienen como sustrato el conocimiento. El lector podría navegar por el contenido, verticalmente, «de fuera hacia dentro» y viceversa, a través de un personaje, a través del tiempo, a través de un lugar, de un concepto, un vínculo… Y podría, naturalmente, trasladarse de línea (desplazamiento horizontal) de variadas maneras como variadas son las necesidades de cada cerebro y variados los vínculos que mantienen los hechos. No todos los cerebros leen de igual modo una novela y computan o procesan de iguala manera los numerosos ingredientes que la componen.

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FIGURA 4. Modelo de sintaxis de desbloqueo «de fuera hacia dentro», se desciende por acciones, sujetos… siguiendo el protocolo o argumento SiSVA.

Al cerebro no le gusta malgastar el tiempo, que sabe escaso, ni siquiera cuando se divierte. Al cerebro no le gusta malbaratar sus potencias, que sabe escasas. El cerebro posee sus propias estrategias de comunicación, la dramatización y su evolución por todo tipo de soportes muestra lo que decimos. Las teatralizaciones (radio, escena, video, películas, documentales…) avanzan reemplazando al viejo texto discursivo, engorroso y constitutivamente ambiguo (el cerebro lo pensó para el oído).

Los libros de texto se acompañan con imágenes y cuando corren por soportes informáticos incluyen dramatizaciones de todo tipo (animaciones). Mejor que una conferencia con diapositivas lo es una dramatizada aunque solo intervenga la  voz y el cuerpo del ponente. Si incluye imágenes como parte estructural de la dramatización, tanto mejor. El cerebro prefiere las dramatizaciones por su alto contenido, porque identifica mejor el contenido y lo somatiza con mayor eficacia. El SIA y el SIE procesan con mayor facilidad y eficacia las señales.

> Argumento SiSVA

El Argumento SiSVA —Sistema (SIA-SIE), Sujeto, Vínculo, Acciónse compacta con sus partes más pequeñas, la Descripción del Sistema, del Sujeto, el Estado de los Vínculos, y el Estado de las Acciones. SiSVA opera como un protocolo de comunicación.

Unir máquinas, unir cerebros y máquinas y cerebros, lograr que puedan comunicarse con eficacia —comunicación del alto rendimiento—, no es tarea que pueda considerarse trivial. Los cerebros tienen requerimientos distintos, pueden administrar incertidumbre, errores y diferir o prescindir de la recompensa. Pueden soportar dolor, ser apasionados y, también, extraordinariamente agresivos en busca de recompensa o resarcimiento. Tiene capacidad para inducir vida y provocar la muerte. Hablamos de variables que añaden los cerebros, susceptibles de acotación semántica. Porque los cerebros, lo recordamos una vez más, procesan señales y transmiten órdenes.

Hablamos de señales (eletrocmagnéticas), de su codificación, empaquetamiento y desplazamiento, utilizando los recursos tecnológicos ya creados y los que en adelante el cerebro añada.

Al idear, construir, el lenguaje soportado por el sistema fónico/auditivo, codificando fonemas, el cerebro lograba transformar señales electromagnéticas en sonidos codificados y al revés, sonidos codificados en señales electromagnéticas, experiencia de gran trascendencia para acelerar la difusión del conocimiento entre generaciones y dentro de una misma generación. La transcripción de sonidos a formas caligráficas, contribuyó, con idéntica fiereza, a la propagación del conocimiento, ensanchando e intensificando la comunicación y diálogo entre cerebros. La experiencia que posee el cerebro, explotando dicha estrategia, es varias veces milenaria y suficiente para conjeturar que el cerebro se propone un nuevo salto cualitativo:

  1. Disminuir la pérdida de contenido cuando trascribe señales elctromagnéticas en fonemas y formas caligráficas y viceversa.
  2. Integrar el lenguaje (sumar la codificación que realizan los sentidos a la que realiza el cerebro cuando conceptualiza y formaliza el conocimiento), para prolongarlo a las máquinas.

En la descripción del sujeto el cerebro ha trabajado mucho y con éxito. De igual modo que una máquina tiene identidad única para permitir la interconexión entre máquinas (entre usuarios), las personas, de igual modo, tenemos nuestra propia y singular identificación, numérica y biológica o fisiológica. Ya la tenemos. Y se puede profundizar en ella para obtener una codificación universal, única y sencilla. Separaríamos, en dicho lance, si se necesitara, la identificación de la máquina (IP) de la del usuario (DS). Y, a mayores, el Argumento SiSVA codificaría el contexto si pertenece al SIA (Sistema Integral de Alertas) o al SiE (Sistema Integral de Estímulos) o a ambos. Añadimos una hipótesis de trabajo para su codificación. En la hipótesis se codificada el orden de prioridades con las que trabaja el cerebro, a saber, lo que primero escucha, ve o lee:

SISTEMA. SIA (Temor, Necesidad, Oportunidad, Trascendencia) y SIE (Oportunidad).
SUJETO. Máquina, Persona física, Persona Jurídica.
ACCIONES. Comparación, desplazamiento, espera, uso, rastreo, cálculo.
VÍNCULOS. Pertenencia, Orden, Influencia, Consistencia.

Contextos, vínculos o acciones susceptibles de categorización —clases, características y singularidades—. Categorización (reglas y argumentos) imprescindible para constituir una nueva sintaxis más expresiva que aminoren la pérdida de contenido en la transcripción señales/fonemas, cuando emitimos (fonemas) y cuando recibimos (escuchamos), cuando escribimos y cuando leemos, etc.. La categorización funcional refuerza la eficiencia de la comunicación.

Entre las acciones y los nombres propios/comunes implicados, tiene que mediar el contexto y el conocimiento que ya posee el cerebro para desentrañar su significado. La adecuada categorización (reglas y argumentos) y la navegación por el contenido reducirá engorro y proporcionará contención para limitar o eliminar la ambigüedad no deseada.  Lo que no sea una acción será un cosa o sujeto, adecuadamente codificado como «fonema, ideograma (animado o no) o señal electromagnética» con su abanico de vínculos de distinto gradiente, en el contexto adecuado.

> El cerebro procesa datos, toma decisiones y transmite órdenes

Mención aparte requieren los conceptos, que necesitan definición y requieren contexto y, sin embargo, tan necesarios para el cerebro, que necesita simplificar, conceptualizar, acotar, para tomar decisiones y transmitir órdenes. La tecnología, en este caso, puede facilitarnos la definición, usando fonemas orales o ideográficos y las señales electromagnéticas correspondientes y puede, simultánea o sucesivamente, facilitarnos el contexto que les corresponde. Aportación inimaginable hace tan solo una década y que permite al cerebro embarcarse en el reto de vebor (agilengua).

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La diferencia cualitativa ente el hombre y la máquina, se produce, desde el punto de vista de la computación, en la fase intermedia, «toma decisiones»
La diferencia cualitativa ente el hombre y la máquina, se produce, desde el punto de vista de la computación, en la fase intermedia, «toma decisiones». El cerebro toma decisiones con sus propios argumentos, a la postre con reglas, pero con temor, necesidad, oportunidad o por trascendencia, valores objetivos y objetivables, que interactúan, que se añaden al propósito de la comunicación y las reglas que administran el corpus de dicha comunicación.

Cuando dos máquinas conversan, las reglas serán, es de rigor, las que correspondan al corpus de la comunicación, cuando sean un cerebro y una máquina, la máquina incluirá una porción de los argumentos que necesita el cerebro y cuando sean dos cerebros los que se comunican, los argumentos de la comunicación, las reglas, incluirán, las acciones que les son propias.

Pareciera, en todo caso, que existe abundancia de conceptos cada uno de ellos con su específica definición, difícilmente abarcables, mírese el tamaño del Espasa Calpe, la Enciclopedia Británica o Wikipedia. Decimos nosotros que tal abundancia es solo aparente. Tal prodigalidad está generada por la combinación de conceptos matrices y es tarea —reingeniería semántica— que puede automatizarse, utilizando las potencias tecnológicas. ¿Lo que decimos equivale a afirmar que existe menos conocimiento del que imaginamos tener? La respuesta correcta, por paradójica que resulte, es «sí», en efecto. Sabemos que es insuficiente y que además está expuesto a numerosas contingencias. El conocimiento, después de la preceptiva reingeniería semántica, será cuantitativamente menor y, no obstante, cualitativamente superior.

La sintaxis actual al propio cerebro confunde, porque confunde a los sentidos. Poco importa que él mismo sea responsable. El cerebro juzga, ahora, que ha llegado el momento, porque ahora puede, de superarla y superar una confusa organización semántica (conceptualizaciones vacías de contenido o inconsistentes).

> ¿Ganar o perder expresividad, qué quiere el cerebro?

Sin dudas, sin cuartos para el titubeo, el cerebro no puede permitirse la licencia de despreciar o desperdiciar recursos.  No ha sido esa su estrategia a lo largo de la historia de la Humanidad, al contrario. Su exagerada dependencia de la comunicación, le obliga a:

  1. Redoblar la eficiencia. Es un órgano que consume mucha energía y no le es fácil acopiarla.
  2. Mejorar sus recursos expresivos. Nunca ha tenido el cerebro reserva en tal sentido (expresiones morfológicas, gestos, sonidos, formas, representaciones…). Cualquier recurso expresivo, a mayores, que contribuya a la eficiencia energética lo acogerá con gratitud.

Comprender, entender y gestionar lo desconocido o la incertidumbre son tareas que acomete el cerebro y que requieren un alto consumo energético. Nada deben tener los poetas y escritores, los artistas. Vebor les brindará una nueva perspectiva, de mayor potencial, para su afán creativo. El hombre dista mucho de haber agotado su capacidad para la perplejidad y el asombro. Sigue siendo más, mucho más, lo que desconocemos.

¿Seguiremos utilizando, cada idioma el suyo, el arte caligráfico como hoy lo conocemos, un arte que transcribe en formas los fonemas? ¿Seguiremos utilizando los fonemas tal como hoy los conocemos, utilizando, exclusivamente, nuestro aparato fonador? Todo indica que las exigencias de eficiencia se transformará en nuevas soluciones expresivas de más alto contenido y rendimiento y que ha nuestro aparato fonador se añadirá la tecnología para producir nuevos fonemas y nuevas formas, caligráficas o ideográficas, al servicio de las nuevas estrategias conceptuales. Será un camino a explorar, evolutivo, y vebor, en tanto agilengua, realizará sus propias aportaciones.

Las dramatizaciones, el caso más común es el cine, utiliza un arsenal de recursos de comunicación que se añaden al lenguaje, para codificar el contexto. Añade suspense, miedo, alegría… Son recursos que de una u otra manera se corresponden o rinden tributo al SIA o al SIE. En la cultura popular existen sonidos y expresiones (que usan el cuerpo y sus gestos) que hacen referencia al contexto. En el juego (las señales de aviso y engaño), las distintas llamadas que hacen las campanas, los distintos silbidos que usan en la Isla de Hierro. Los sonidos, gritos, alaridos para acarrear el ganado o los mensajes cifrados con sonidos o mixtos, tan antiguos como la humanidad. Las emociones que se experimentan ante una película, están contenidas en un guión. Las ha producido —y codificado— el cerebro.

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