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Entrevista: “Vebor, calcula”

> Concurrencia de saberes

ENTREVISTA. Ángel Alonso en su pequeña granja de conejos, gallinas y patos

—A.Y. ¿Para qué sirve la cognomática?
Ángel Alonso. Para comprar tiempo. La cognomática es una fábrica de tiempo. Filtra el ruido, limpia los distintos dominios del saber de bulla y perturbaciones y lo automatiza. Sin dicha tarea, la del filtrado, es imposible generar bases de datos consistentes, coherentes. Y sin dichas bases de datos no existe automatización. La ciencia es coherente y consistente, por eso es ciencia.

¿Y lo que no es ciencia pero puede convertirse en ciencia?
—Pues si llega el caso, se convertirá en ciencia. La «cognomática» elimina ruido, bulla o simulacros, lo que no es ciencia. La «cognomática» nos alivia, nos descarga de dichas perturbaciones, genera tiempo a estudiantes, a profesores, a profesionales y a otros investigadores. Tiempo que necesitan para seguir aprendiendo, investigando y resolviendo problemas, los reales.

¿La cognomática es una suerte de policía de los distintos dominios del saber?
—¿Perdónnnnn?

DISTINTAS
ESTRATEGIAS
La ingeniería del conocimiento ha puesto en marcha distintas estrategias para embocar el conocimiento, fundamentalmente, herramientas semánticas, entre lingüísticas y taxonómicas y también ontológicas, más filosóficas, hibridadas con las anteriores, con resultados muy cortos y decepcionantes. Las ontológicas, las semánticas y taxonómicas, sin intervención por nuestra parte, las recuperábamos del propio acervo de cada dominio del saber. Nuestro comportamiento era neutral. Son estrategias que están en punto muerto, sin salida.Nos limitábamos al diseño de aplicaciones y estrategias para organizar bases de datos. Y se ha demostrado muy poca cosa. Nosotros hemos optado por asumir mayor compromiso, más responsabilidad y añadir ciencia al reto, lo hemos llamado estrategia «c:c». No ha sido fácil. El ahogo, la asfixia por información, que padecemos, ha convertido la estrategia «c:c» en una estupenda ganzúa, abre muchas puertas, para la automatización del conocimiento. La «cognomática», utiliza otra estrategia, más científica, que nos ha permitido dar un saldo cualitativo extraordinario y desambarazarnos de numerosos errores. Ha sido un largo camino.
¿Puede convertirse la «cognomática» en la policía del resto de ciencias, en la inspección del resto de ciencias?
—Nunca imaginé que pudieran hacerme está pregunta y no ha sido por falta de conjeturas o hipótesis de trabajo. La automatización para producirse, mire, necesita consistencia y coherencia y en un rango mucho más alto, muy exigente, cuando hablamos de conocimiento. No existen alternativas, ni atajos. La principal tarea, la más singular, es eliminar las inconsistencias y a renglón seguido asegurarnos la coherencia. Otra cosa es que usted esté sugiriendo que la automatización del conocimiento no es posible ni deseable. Si fuera eso, mi respuesta es un ‘no’ categórico. Ya lo estamos haciendo.

¿Concurrencia de saberes y «cognomática» son una misma cosa?
—La interdisciplinariedad es el sustrato de los grandes avances científicos e innovaciones. La concurrencia de saberes no es algo opinable u opcional, es incuestionable y es, por tanto, el punto de partida de la «cognomática». ¿Cómo es posible que podamos ir de una persona a otra en seis saltos, aunque estén separadas por un océano y como contrapunto, oiga, que no sea posible establecer relaciones entre los distintos dominios de saber? Lo primero, unir a dos personas que viven en continentes separados y que no se conocen, en seis saltos, es una metáfora de la concurrencia de saberes; lo segundo, por sí misma, la intedisciplinariedad, sin recursos alegóricos, es un acontecimiento muy sólido y material. El tiempo en el que las ciencias eran compartimentos estancos y que se autocontenían, sin necesitar de nada ni de nadie, ha concluido. Siempre fue una ensoñación. Todas los dominios del saber, para empezar, utilizan los lenguajes, particularmente, el natural y el matemático, dependencia que elimina de un plumazo la supuesta estanqueidad.

> Los razonamientos pesan y consumen energía

¿Ustedes afirman que existe menos conocimiento del que imaginamos y que las razones pesan?
—Así es, las razones pesan, los razonamientos pesan, son materiales, por así decirlo. Son paquetes de información, fruto de nuestras estimaciones o cálculos que son posibles porque previamente hemos percibido secuencias de la realidad que han llegado en forma de señales (energía) a nuestro cerebro, filtradas por los sentidos. En el cerebro se almacenan y ocupan un lugar en nuestra toma de decisiones cuando dichas señales las hemos podido comparar y extraer de ellas conclusiones, acertadas o equivocadas. Los razonamiento son hijos naturales de la energía percibida y cabalgan sobre emociones, un motor muy singular y eficaz de nuestro cuerpo. No existe cerebro sin cuerpo de sustento. El cerebro con patas, por sí solo, correteando, no pasa de caricatura, todo lo graciosa que se quiera.

¿Existe, de verdad, menos conocimiento del que imaginamos?
—Es una expresión, quizá, poco afortunada. Existe conocimiento y no es poco. Existe, eso sí, también mucho ruido y bulla alrededor de dicho conocimiento, ruido y bulla que se trasviste para aparentar saber —que adopta las formas del saber—, que se viste con definiciones, axiomas o cualquier otro simulacro teorético, enmascarándose de conocimiento, sin serlo. Y se hace de forma accidental, inocente, la mayor de las veces y maliciosa, en algunas ocasiones. La parte menos amable de este asunto son los graves errores culturales que induce, por ejemplo, imaginar como se ha hecho, que el sistema financiero se gobernaba de forma científica porque hacía exhibición de algunos algoritmos.

¿No me negará que lo que sugiere es preocupante?
—Necesitamos el lenguaje, el natural y el matemático, para comunicarnos. Y es frecuente concebir «arquitecturas lógicas» utilizando dichos lenguajes, en apariencia consistentes. Y descuidamos que los lenguajes pueden inducirnos a error, cuando no existe concordancia entre lenguaje y realidad. Sin concordancia el lenguaje natural y matemático se transforma en lenguaje simbólico, en operaciones simbólicas que pertenecen al ámbito de lo simbólico. Los lenguajes necesitan ser simbólicos, la ciencia, por el contrario, necesita ser demostrable y lo hace uniendo símbolos y realidad. Los lenguajes nos rinden un gran tributo, son imprescindibles, pero no son ciencia. Los lenguajes pueden ser ambiguos, la ciencia no. Una cosa es la complejidad y otra la ambigüedad. La complejidad le interesa a la ciencia, la ambigüedad que algo pueda ser una cosa y la contrario, arbitrariamente, es de menor interés para la ciencia.

> Ciencía con límites

¿Qué límites tiene la ciencia, hábleme de ellos?
—Para la ciencia, que es lo mismo que decir, “para el hombre”, existen límites infranqueables, que al superarlos abandonamos el territorio de la falsabilidad, de los comprobable. Le cito, por ejemplo, las dimensiones, que no pueden ser infinitas; los límites, que siempre son reales; el tiempo, irreversible a escala humana; la divisibilidad, que siempre tiene límites; la acción inversa, que con frecuencia es imposible. Después de lanzar contra el suelo, con fuerza, una cristalería de Murano es muy difícil devolverla a su estado inicial. Le desafío a hacerlo. La lógica/matemática tiene la apariencia de indestructible en el ámbito simbólico. Digo apariencia, pero es inconsistente, en demasiados de sus postulados, cuando se la confronta con la realidad.

¿Los científicos son conscientes de dichos límites?
—Yo diría que sí. La aplastante mayoría es consciente de su existencia. Sorprende, de todos modos, que se habla con naturalidad de la inmortalidad, a alcanzar en un laboratorio y cosas parecidas. El Sol es una estrella que necesitamos, sin ella no existiríamos y sobre la cual, por ejemplo, no tenemos la más mínima influencia. Los límites son muy obvios, a veces sobrecogedores y angustiosos.

¿Y cómo se sustancia la«cognomática», acaso… limpia, fija y da esplendor?
—Casi, casi. La «cognomática» tiene en alta consideración los errores y la imperfección, que es el mejor modo, el más rápido, para lograr procesos y maquina-herramienta de mayor cualificación. Y además es lo sustantivo, automatiza el conocimiento, lo hace operable por el usuario. Internet y los computadores nos proporcionan un sustrato que hace posible el reto que proponemos. Su impacto será espectacular sobre todos los procesos de enseñanza-aprendizaje y sobre la propia acción investigadora, acortará muchos procesos y otros los eliminará. Ganaremos tiempo. Se acelerán todos los procesos de innovación.

• El proyecto «vebor» es un reto, yo diría, que muy español, muy atinente con nuestra forma de ser y por nuestra propia historia. Los españoles estamos especialmente dotados para la filosofía templada y para la creatividad, nos arrugamos menos. Tenemos el beneficio de pertenecer a una cultura católica muy intensa y profunda, lo que a su vez, nos ha familiarizado con la complejidad y sofisticación. No siempre nuestra propia historia se vuelve contra nosotros¿Ustedes quieren construir un nuevo árbol-conceptual en concurrencia de saberes, es así?
—Lo es, la «cognomática» tiene principios que son el motor para acometer la construcción de dicho árbol, y estamos utilizando «vebor», un nuevo lenguaje, que hace posible su automatización y proceso. La construcción de dicho árbol, es equivalente a construir una nueva máquina-conceptual, una máquina-herramienta consonante con el siglo XXI. Lo que es ineludible es que se trata de un esfuerzo multidisciplinar y por esa razón el Instituto de Cognomática, que está en fase de formación, posee una geometría específica, ambiciosa, si se quiere, pero necesaria.

¿Me equivoco si afirmo que la cognomática y su producto «vebor» o la «enciclopedia vebor» constituirán un hito?
—Es el caso. No se equivoca, habrá un antes o un después. Un «vebor unviersal», de acceso distribuido (internet) que corre por todo tipo de dispositivos y que facilite el uso y el acceso a la ciencia es un hito de importancia colosal. Discernir, distinguir entre información, opinión o conjetura y ciencia, es básico. Y «vebor» tiene que cumplir con el requisito de que es evolutivo y aprende, por sí mismo, usando variados procesos de retroalimentación. Lo que no quiere decir que «vebor» no disponga de una autoridad mundial o no esté sometida al criterio de los hombres. Pero quiere corregirle, es algo más que una Wikipedia, «vebor» calcula, es ciencia. «Vebor» es una nueva máquina-herramienta, que desarrolla la estrategia «concon».

> Estrategias «c:c» para el siglo XXI


¿Estrategia «c:c»?

—Los hemos convertido en una suerte de acrónimo y grafismo/marca. Por comodidad. Para hablar entre nosotros. ‘c:c’ en realidad es una acrónimo de ‘conocimiento consistente’. La cognomática genera principios para identificar el conocimiento consistente, por eso hablamos de estrategia «c:c». Es irrenunciable. Sin consistencia y coherencia es imposible la automatización del conocimiento.

— Pero… si es conocimiento es porque cumple la condición de «consistente»
—No exactamente. Existe conocimiento, mucho y muy importante, que no hemos sido capaces de transformarlo en hechos falsables, en ciencia. Conocemos muchas estrategias que no han conducido a buen puerto. Y eso también es conocimiento. Hemos acuñado el término «c:c», precisamente, para identificar el que sí es consistente y que urge divulgarlo con nitidez, haciéndolo accesible. Es el reto de la «cognomática».

¿Vebor, entonces, es software?
—En su primera fase, así es. No obstante, puesto que estamos hablando de ‘lenguaje interpretado’, es posible multiplicar la capacidad de proceso, con microprocesadores especializados, de específico diseño. En nuestra opinión nada hay que temer, la potencia de proceso es ya muy alta y sigue avanzando. Esa puerta, en cualquier caso, siempre está abierta. Y sepa usted, que la «cognomática», por sí misma, tendrá un impacto espectacular en la máquina-herramienta del siglo XXI, también en el diseño de microprocesadores (mayor capacidad de cómputo). La hará evolucionar a un ritmo inesperado al facilitar todos los trabajos de innovación y aumentar, espectacularmente, la planta de choque, el volumen de investigadores.

—¿Está preparada la universidad española para un reto de estas características, tan ambicioso?
—Le corrijo. No es ambicioso, es urgente y muy necesario, estratégicamente necesario. Es de una urgencia casi dramática. No podemos seguir consumiendo recursos de todo tipo, como lo hacemos, los que no tenemos, con tanta despreocupación. La situación poco a poco se irá volviendo insostenible. La excesiva carga fiscal está paralizando a la Humanidad. Cuesta muchísimo enseñar e investigar. Muchísimo. La «cognomática» compra tiempo, el que escasea. Y contestando a la primer pregunta, el proyecto «vebor» es un reto, yo diría, que muy español, muy atinente con nuestra forma de ser y por nuestra propia historia. Los españoles estamos especialmente dotados para la filosofía templada, más certera, y para la creatividad, es un don. Tenemos el beneficio de pertenecer a una cultura muy intensa y profunda, católica, lo que a su vez, nos ha familiarizado con la complejidad y sofisticación. No siempre nuestra propia historia se vuelve contra nosotros. Con toda la humildad que puedo acopiar en estos momentos, lo plantearía, exactamente al revés de como usted lo formula. “España era el candidato natural para alumbrar el proyecto «vebor» y así ha sido”.

¿Perdone la pregunta, qué papel juegan sus conejitos y gallinas en la «cognomática»?
—Es una pequeña granja, familiar. Usted la ve. Es una vía de escape. La naturaleza, su observación, me alivia. Por la primavera, reeditando lo que hacía con mi madre cuando era niño, salgo a buscar la setas de San Jorge. Me alivia pasear por estos valles. La naturaleza es un excelente observatorio, es nuestra mejor amiga y, también, nuestro más temible adversario. La siento y presiento, la observo y me observa. Sé que me observa. Y puede, lo digo en condicional, que seamos los observadores más cualificados, pero no los únicos. Y cada parte de la naturaleza que nos observa lo hace con su propio rango de inteligencia o percepción.


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